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Cuando un proceso industrial trabaja con materiales a granel, ya sean granulados ligeros, materiales abrasivos o de alta temperatura, el elevador de cangilones sostiene buena parte del ritmo productivo. Si falla, toda la cadena de proceso lo nota. Y por eso, incluso cuando el equipo está diseñado con robustez, como ocurre con los elevadores de banda y de cadena fabricados a medida por Sinfimasa, el mantenimiento preventivo sigue siendo la herramienta más valiosa para evitar paradas inesperadas, reducir el desgaste y prolongar la vida útil del sistema.
En esta guía condensamos la experiencia técnica de SINFIMASA en un enfoque práctico que ayuda a entender qué necesita un sistema de transporte de cangilones para trabajar durante años con la misma fiabilidad del primer día.
Por qué el mantenimiento marca la diferencia en un transportador de cangilones
Un elevador de cangilones trabaja sin descanso. Cada arranque, cada impacto del material, cada vibración y cada cambio de temperatura va dejando huella en la banda o la cadena, en las poleas, los cangilones, los tensores y los rodamientos. Cuando estos componentes empiezan a degradarse sin que nadie lo note, aparecen síntomas que muchas veces se interpretan tarde: pequeños ruidos metálicos, pérdidas de rendimiento, sobrecalentamientos, derrames o vibraciones que antes no estaban ahí.
Un buen plan de mantenimiento permite adelantarse a esos signos. Reduce atascos, protege el motorreductor, minimiza el desgaste prematuro y, sobre todo, garantiza que el equipo no sorprenda a la planta con fallos repentinos. Sin embargo, el primer paso es entender que no todos los elevadores se mantienen igual. Los elevadores de banda y los de cadena tienen comportamientos distintos y, por tanto, necesidades distintas.
El objetivo final es claro: que el transportador trabaje de forma estable, eficiente y segura, extendiendo su vida útil entre un 30 y un 40 %, algo perfectamente alcanzable cuando se siguen buenas prácticas.
Elevador de banda y elevador de cadena: lo que realmente cambia al mantenerlos
Dentro de la categoría de transportadores industriales de cangilones, banda y cadena representan dos filosofías mecánicas distintas.
El elevador de banda destaca por su sencillez y por requerir menos intervenciones. Su mantenimiento se centra en tres frentes: la alineación, el tensado y el estado de los cangilones. Una banda desalineada (quizá el problema más habitual) puede generar desgaste lateral, vibraciones, rotura de fijaciones o derrames a lo largo del recorrido. Una banda mal tensada provoca deslizamientos, mientras que un exceso de tensión daña rodamientos y ejes. Por eso, revisarla con regularidad es una inversión más que un coste. Este tipo de sistema es ideal cuando el material es poco abrasivo, de granulometría fina o cuando la temperatura de trabajo es baja o moderada.
El elevador de cadena, en cambio, está hecho para condiciones más duras. Es el equipo adecuado para yeso, clínker, escorias, biomasa abrasiva o materiales calientes, pero pide más atención. Su mantenimiento exige comprobar el tensado sincronizado de las cadenas gemelas, revisar piñones, ruedas dentadas y lubricación, y asegurarse de que la cadena conserva sus propiedades mecánicas. También hay normas que no admiten excepciones: no mezclar cadenas nuevas con piñones viejos, no soldar sobre la cadena y no usarla como toma de tierra.
Mantenimiento preventivo: la rutina que alarga la vida útil del elevador
Nuestra experiencia nos permite afirmar con seguridad que los mejores resultados vienen de un mantenimiento preventivo sencillo pero constante. Una especie de “ritmo de trabajo” que integra revisiones diarias, semanales, mensuales y semestrales sin necesidad de grandes intervenciones.
Las revisiones diarias permiten detectar rápido lo que nunca debería pasar desapercibido: cuerpos extraños en el pie del elevador, ruidos nuevos, sensores desajustados o protecciones que no están donde deberían estar. Es un repaso breve, pero protege al equipo de fallos mayores.
Cada semana conviene revisar la lubricación de rodamientos (siempre atentos a que la temperatura no supere los 50 °C), comprobar el tensado de la banda o cadena y hacer una inspección visual de los cangilones. También es buen momento para limpiar pie y cabeza, zonas donde suelen acumularse materiales que después provocan atascos.
Con una frecuencia mensual, el enfoque se vuelve más estructural: verificar la alineación general, revisar el nivel de aceite del motorreductor, comprobar la estanquidad entre cuerpos y reajustar tensores.
Y finalmente, cada seis meses, el mantenimiento adopta una profundidad mayor: desmontaje parcial, limpieza completa de cuerpos intermedios, sustitución de cangilones dañados, inspección de chapas antiabrasivas y verificación del sistema de bloqueo en el caso de los elevadores de cadena. Esta revisión semestral es la que más impacto tiene en la vida útil del transportador de cangilones.
Fallos habituales en un elevador de cangilones y cómo anticiparse a ellos
Los fallos más comunes de un sistema de transporte de cangilones rara vez aparecen por sorpresa; casi siempre dan señales previas. Los atascos en el pie suelen ser consecuencia de una alimentación excesiva o de una acumulación que no ha sido detectada a tiempo. Un ruido metálico inesperado puede indicar desalineación, tensado incorrecto o el inicio del fallo de un rodamiento. Cuando el producto retorna hacia abajo, la causa suele estar en la posición de la chapa reguladora de la cabeza. Y si el equipo se calienta más de la cuenta, conviene revisar lubricación, sensores y cargas reales de trabajo.
La buena noticia es que todos estos problemas son evitables si se aplican las revisiones que hemos comentado. La clave está en no dejar que lo pequeño se vuelva grande. En Sinfimasa diseñamos, fabricamos y acompañamos a nuestros clientes durante toda la vida útil de sus equipos. Si estás valorando instalar o renovar un transportador de cangilones, no dude en contactar con nosotros.




